Así son las personas de 65 a 74 años, uno de los sectores de la población más afectados por la COVID-19

05/05/20
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Según el informe “Padres ancianos, generaciones y solidaridad familiar”, realizado por UIC Barcelona, el soporte familiar es decisivo en el afrontamiento de la vejez y la enfermedad

Así son las personas de 65 a 74 años, uno de los sectores de la población más afectados por la COVID-19

Uno de los objetivos de la investigación de la Cátedra ISFamily Santander, del Instituto de Estudios Superiores de la Familia, ha sido analizar la importancia de los valores familiares y los flujos de ayuda y solidaridad entre las diferentes generaciones dentro de la familia. Para ello, se ha evaluado hasta qué punto la familia contribuye al bienestar individual de sus miembros y se han identificado los principales conflictos que se producen en el entorno familiar.

El target de población entrevistada está compuesto por 600 personas de entre 65 y 74 años con hijos, de clase media y media-baja, jubilados y con nivel educativo bajo. Los resultados presentan aspectos interesantes para un análisis más profundo acerca de la generación de personas de entre 65 y 74 años y que ha sido muy afectada por el coronavirus (COVID-19).

Características y resultados de la población target

Más de la mitad de los encuestados manifiestan no padecer ninguna enfermedad crónica (68,4 %), mientras que algunos presentan limitaciones que no son graves (16,3 %) o una enfermedad no limitante (11,7 %). 

Según indica el estudio, a menudo se sienten capaces de tomar decisiones (2,76 sobre 3), se sienten útiles (2,74) y en menor medida manifiestan que no pueden dormir debido a las preocupaciones (1,76), están estresados (1,71), tienen la impresión de no ser capaces de superar las dificultades (1,61), se sienten infelices y deprimidos (1,56) o han perdido la confianza en sí mismos (1,37). Estos datos revelan una generación cognitivamente sana y con capacidad de dar soporte a los demás.
 
Respecto a las actividades desempeñadas en su tiempo libre, los entrevistados declaran realizar mayoritariamente paseos a pie o en bicicleta, la jardinería, el cultivo del huerto y la pesca (2,44 sobre 3,00); siguen la lectura del periódico (2,12) y de libros (1,92); las excursiones y viajes (1,90). Este aspecto señala la importancia que la vida al aire libre, salir a la calle, ha tenido y tiene para esta generación.
 
En lo que hace referencia a la tecnología, el nivel de utilización de las herramientas tecnológicas es todavía bajo: teléfono móvil en el 50,7 % de los casos, conexión a Internet con contrato en el 34,9 %, ordenador portátil o de sobremesa en el 28,8 %, uso de tableta en el 11,2 %, abono a TV de pago en el 13,7 %, lector de libros electrónicos en el 4,8 %, consolas de videojuegos en el 0,3 %. De nuevo, este es uno de los aspectos más relevantes, pues en muchos casos los últimos momentos de estas personas han sido atendidos a lo sumo telefónicamente por sus familiares. 
 
En lo que respecta a la autopercepción de la propia condición vital y el proceso de envejecimiento, el 60,2 % de la muestra no se siente anciana, un porcentaje no tan optimista cuando se refiere a la visión que de su senectud tiene su familia (53,8 %) o la sociedad (42,3 %). 
 
Al preguntar sobre los aspectos que contribuyen a que se sientan ancianos destaca la importancia de las condiciones físicas (72,9 % de los casos) y la perdida de las facultades cognitivas (44,6 %). Sin embargo, para el 42 % la soledad es el factor acelerador de la percepción de su proceso de envejecimiento, lejos de otros factores, como la pérdida de uno o varios seres queridos (19,4 %), la falta de proyectos (13,7 %), no saber cómo pasar el tiempo (13,3 %), el hecho de haber dejado de trabajar (9,0 %), las dificultades económicas (7,9%), así como el haber reducido las relaciones sociales (7,2 %).  
 
La importancia de las relaciones familiares
 
Respecto a la relación con sus hijos, destacan los estados de ánimo positivos: “estoy orgulloso de ellos” y “me siento correspondido por mis hijos”. La mayoría de los entrevistados considera haber recibido el mismo afecto (69,1 %) y respeto (76,8 %) que han dado a sus hijos, pero menos ayuda económica (28,1 %) aunque reconocen haber recibido asistencia y cuidados por enfermedad (56,1 %).
 
La muestra presenta un alto grado de solidaridad paternofilial. A la pregunta sobre la responsabilidad de los padres hacia los hijos, el 63,8 % de los entrevistados ha contestado que es deber de los padres hacer lo mejor para sus hijos, aunque sea a costa de grandes sacrificios; mientras que solo el 21,7 % ha contestado que los padres tienen su vida y no se les debería pedir sacrificios excesivos. 
 
Sin embargo, respecto a responsabilidad de esos hijos hacia sus padres, aproximadamente la mitad (44,9 %) ha contestado que “tienen su vida y no se les debería pedir sacrificios excesivos”. De hecho, en referencia a los valores, las medias más altas aparecen en gratitud hacia los “hijos” (4,65 sobre 5,00) y a los “nietos” (4,61).
La visión de su futuro
Las relaciones intergeneracionales activas —la compañía— puede ser, por lo tanto, uno de los principales soportes en el proceso de envejecimiento y en la autopercepción de esta situación. Esos datos confirman la importancia de la calidad de nuestros vínculos, de nuestras relaciones en el modo de afrontar el paso de la vida, ya que para el 52,6 % de ellos tener buenas relaciones familiares es lo más importante de su vida solo por detrás de disfrutar de buena salud (80,1 %) y muy por delante de la sensación de ser autónomo (46,7 %).
 
De hecho, cuando se les pregunta por los aspectos que les producen mayor satisfacción vital el orden es el siguiente: la familia (3,69), el lugar donde viven (3,45), su vida en conjunto (3,43), sus amigos (3,39), sus relaciones con los vecinos (3,30), el trabajo que se ha realizado (3,20), el estado de salud (3,17), las metas alcanzadas (3,17), su vida espiritual (3,05) y, por último, los ingresos familiares (2,85). 
Respecto al futuro, las preocupaciones se plantean por este orden: “ser un grave peso para mis hijos”, “quedarme solo”, “no poder seguir siendo útil a mi familia” o “acabar en una residencia”.
Por tanto, el tema de la familia resulta particularmente importante para una generación muy afectada por la COVID-19, dado que la tasa de mortalidad por esta causa ha sido en estas personas algo menor a la del grupo más afectado —las personas de entre 70 y 79 años—, pero está muy por delante de las que tienen menos de 60 años.