30/04/2021

Nina Magomedova: “Es importante escuchar a las empresas sociales porque tienen mucho que decir”

Entrevista a la profesora de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de UIC Barcelona para hablar sobre el auge de las empresas sociales.

Cada vez estamos oyendo hablar más del modelo de las empresas sociales, aquellas que tienen un impacto positivo en el medio ambiente y la sociedad. ¿En qué se diferencian principalmente de las empresas tradicionales?

Mientras las empresas comerciales tienen prácticamente como único objetivo maximizar sus beneficios, las sociales buscan generar un impacto positivo en la comunidad, los trabajadores, los consumidores o el medio ambiente.

De alguna manera, estas empresas han venido a desafiar el actual paradigma empresarial. Ahora bien, en una empresa comercial, los resultados se pueden contabilizar, cuantificar. ¿Cómo se mide en cambio el impacto social?

Así como medir el impacto medioambiental es fácil, calcular el impacto social no lo es tanto. Existen herramientas para medirlo, pero como mayoritariamente estas empresas operan en una comunidad muy concreta, las repercusiones se pueden ver de una manera muy evidente.

Parece más difícil que puedan captar financiación. ¿Cómo lo hacen?

Las personas que invierten en estas organizaciones son inversores que alinean los valores de la empresa con los suyos. Se los denomina inversores de impacto o “capital paciente”, ya que ofrecen más tiempo y flexibilidad en cuanto al retorno de la inversión, a diferencia de los inversores tradicionales. Además, dan libertad a la empresa para que logre los objetivos y el impacto social que proponen.

Y en el actual contexto económico marcado por la globalización y el crecimiento empresarial, ¿cómo pueden este tipo de empresas hacerse un lugar en el mercado?

Es importante que nos planteemos cuál es el rol que tiene que jugar la empresa en la sociedad. La economía es la herramienta que nos tiene que permitir llegar al bienestar social y el crecimiento no tendría que ser el objetivo final, sino el camino para lograrlo. Si integramos esto, veremos que las empresas sociales son las que tienen más sentido. Aquella empresa que no tenga ninguna razón de ser más allá de producir y obtener beneficios sin ningún valor añadido, tiene fecha de caducidad.

¿Por qué motivo?

Las reglas del juego han cambiado. El consumidor es más exigente y también tiene el poder de impactar positivamente con sus decisiones de compra. Si no encuentra un componente social, posiblemente escogerá otra marca. Un proyecto con propósito, que trabaja con personas con discapacidad que aportan valor a la empresa, al consumidor final y a su comunidad, tiene más futuro porque su existencia tiene un sentido.

 

Teniendo en cuenta el nuevo escenario que se divisa, ¿en qué situación quedarán las empresas sin propósito?

Las regulaciones en el ámbito fiscal y medioambiental, por ejemplo, serán más exigentes de lo que han sido hasta ahora, así que todas aquellas empresas que no se alineen con los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) o las políticas dictadas por la Unión Europea tendrán más dificultades para sobrevivir.

Entiendo que las grandes corporaciones son las que más se tendrán que transformar. ¿Hay alguna que ya haya hecho el cambio a un modelo más social y responsable?

Cada vez hay más organizaciones que consiguen generar un impacto social en cada uno de los pasos de su cadena productiva. Además, muchas corporaciones están obteniendo la certificación B Corp, un sello que acredita las empresas que equilibran su propósito social con el económico. Es evidente que la Responsabilidad Social Corporativa (RSC), como una pura herramienta de marketing, ha quedado obsoleta y que los consumidores ahora reclaman más transparencia. Cómo decía antes, el comprador ahora es menos leal y no tendrá problema en cambiar de marca si encuentra una alternativa que se ajusta mejor a sus valores. No solo hay que parecer ser responsable, hay que serlo de verdad.

¿De qué manera ha repercutido la pandemia en las empresas sociales?

Han sufrido en la misma medida que cualquier empresa. Ahora bien, es innegable que la crisis de la COVID-19 ha sacudido la sociedad y la conciencia de muchos consumidores, que ahora tendrán una oportunidad para hacer las cosas de una manera diferente. Y si la población quiere hacer las cosas mejor, las empresas sociales responden a esta demanda.

¿Se está formando a las nuevas generaciones para actuar en este nuevo paradigma?

A pesar de que es un fenómeno relativamente reciente, tanto en las universidades como en las escuelas de negocio ya ha llegado la necesidad de formar a profesionales híbridos que puedan tener una vertiente económica y social a partes iguales. De hecho, las empresas sociales acostumbran a tener una naturaleza muy compleja, así que es importante tenerlas en cuenta, estudiarlas, escucharlas y transmitir el conocimiento que ofrecen no solo a las nuevas generaciones sino también al mundo económico y empresarial porque tienen mucho que decir.

¿De qué manera podrán atraer las empresas sociales el talento joven que quizás todavía prefiere hacer carrera en una empresa profesional?

Los jóvenes que están entrando al mercado laboral forman parte de una generación que ha crecido con un concepto de éxito que ya ha quedado obsoleto. Actualmente, la conciencia social individual ha ido ganando peso y nuevos factores como la contribución positiva a la comunidad entran en juego a la hora de trazar una carrera profesional. Por eso, los mejores talentos seguramente escogerán empresas sociales y con propósito porque encontrarán un sentido más allá de la posición o del sueldo. En cambio, las empresas convencionales, que no pueden ni podrán ofrecer este intangible, tendrán más dificultades para captar y retener el talento.