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El uso extendido de Ozempic reabre el estigma del sobrepeso, según un estudio liderado por Lara Martín
La profesora de la Facultad de Ciencias de la Comunicación Lara Martín Vicario ha liderado un estudio sobre los marcos discursivos que predominan en los medios de comunicación generalistas en torno al uso extendido de Ozempic
El artículo, elaborado conjuntamente con la profesora de la Universitat Pompeu Fabra Maria Castellví Lloveras sostiene que la creciente normalización en el uso de medicamentos GLP-1 como Ozempic refuerza los marcos dominantes de rechazo al sobrepeso, a partir de un análisis de comentarios de usuarios en la prensa digital generalista española.
Según las autoras, la generación de medicamentos que actúan sobre la hormona GLP-1, como Ozempic, emergen no simplemente como tratamientos médicos, sino como “tecnologías morales mediante las cuales se evalúan y juzgan la responsabilidad, el esfuerzo y la legitimidad moral”. Estas conclusiones nacen de un análisis de 648 comentarios de usuarios en nueve artículos de El Mundo, ocho artículos de El País y doce artículos de elDiario.es.
Las expertas en comunicación han definido el debate como “una oscilación entre marcos morales de responsabilidad individual y marcos medicalizados del sobrepeso como una condición crónica que requiere un manejo continuo”. Comentarios como “menos comidas y más zapatillas” o “menos pastillas y más cintas de correr” moralizan la pérdida de peso, según las investigadoras. “Estos discursos asocian el exceso de peso con falta de ética”, apuntan.
Lara Martín Vicario afirma que existe un discurso público en España estructuralmente gordofóbico: “Los GLP-1 reflejan un deseo de delgadez que nunca llegó a desaparecer, pero con una condición: debe ser una delgadez merecida, lograda con esfuerzo y sacrificio”, razona.
El análisis también subraya que la intervención farmacológica se entiende como una forma de “hacer trampa”. Lara Martín Vicario incide en este estigma: “Incluso si perdieras peso y dejaras de estar gordo, continuaría estando mal porque no lo has hecho de manera correcta”, añade.
Para las autoras, el estudio demuestra que en el debate público “no hay espacio para discursos alternativos que aboguen por la aceptación del sobrepeso”. “La falta de discurso de la aceptación del exceso de peso es notable y disminuye la posibilidad de concebir un mundo en el que eso no sea un problema que deba ser tratado”, afirman.
Buenos y malos usuarios
El análisis hace una clara distinción entre los “buenos y malos usuarios”. Los buenos son aquellas personas que por su condición de salud necesitan Ozempic y la sociedad acepta “por sus esfuerzos para perder peso”. “Refuerza el imaginario del sobrepeso como un estado que no puede simplemente existir, sino que debe cambiar a toda costa”, apuntan las investigadoras. Es el concepto definido como “buen gordo”.
Los “malos usuarios” son aquellos que buscan una respuesta rápida sin esfuerzo ni sacrificio. “Dificultan el acceso a aquellos que realmente lo necesitan, ya que su finalidad es meramente estética”, según indican las autoras.
Otra de las conclusiones del artículo es que el debate sobre el tratamiento médico de los GLP-1 gira en torno a la reducción del peso, no del manejo de la diabetes tipo 2, para lo que fueron concebidos inicialmente.
Escepticismo hacia las empresas farmacéuticas
El artículo académico señala que los usuarios perciben rechazo hacia la industria farmacéutica, ya que la consideran una herramienta que actúa de “altavoz” para sus propios beneficios económicos. “Los usuarios no critican la marginación de los cuerpos gordos, sino la manipulación de los consumidores por parte de las farmacéuticas”, apuntan. “A nivel social, de manera general, existe un rechazo a los fármacos, ya que son una trampa para la gente que no sabe ni quiere cuidarse”, explica Martín Vicario.
Las expertas en comunicación destacan que los hallazgos del estudio “invitan a reflexionar sobre cómo los nuevos tratamientos farmacológicos no interactúan sólo en el campo biomédico, sino también en los sistemas culturales y morales que condicionan su recepción pública”. En el caso de los GLP-1, el discurso social continúa siendo “en torno a la reducción del peso como objetivo principal y no incorpora perspectivas que reconozcan la diversidad corporal, además de dificultar intervenciones alternativas en las que se incorpore la aceptación del cuerpo o la adopción de estilos de vida saludables”, concluyen.