02/07/2026

La configuración de las ciudades puede agravar los efectos de las olas de calor sobre la salud

Las olas de calor cada vez son más frecuentes e intensas, pero su impacto sobre la salud no depende solo de la temperatura que marca el termómetro. El diseño de las ciudades, los materiales de construcción y rehabilitación de edificios, la presencia de vegetación o la ventilación de las calles pueden hacer que algunos barrios registren temperaturas superiores a otros dentro de una misma ciudad, hecho que dificulta que el ambiente se enfríe durante la noche.

Así lo explica Lorenzo Chelleri, director del Instituto de Investigación JURECA (Just and Resilient Carbon Neutral Places) y del máster en Resiliencia Urbana y Transiciones Sostenibles de UIC Barcelona, que centra su investigación en la adaptación de las ciudades a los retos derivados del cambio climático y en el desarrollo de modelos urbanísticos más resilientes y sostenibles.

Según el investigador, muchas ciudades se convierten en auténticas “trampas de calor” durante los episodios de temperaturas extremas. El exceso de asfalto y hormigón, la orientación de las calles, la altura de los edificios o incluso el color de las fachadas favorecen el denominado efecto “isla de calor” y dificultan que el ambiente se enfríe cuando se pone el sol. “El problema no son solo los picos de temperatura durante el día, sino el hecho de que muchas ciudades no se enfrían por la noche”, explica Chelleri.

Las calles y las fachadas absorben el calor durante el día, lo almacenan y lo liberan lentamente durante la noche. Esto impide que las temperaturas disminuyan y puede acabar convirtiéndose en un problema de salud pública, más allá de los golpes de calor diurnos, puesto que el organismo necesita unas horas de frescor para recuperarse del calor acumulado durante el día.

Las ciudades también pueden formar parte de la solución

Ante este escenario, el investigador defiende avanzar hacia un modelo de “urbanismo climático”, que incorpore criterios de adaptación al calor en la planificación de las ciudades. Una mejor gestión del agua, el uso de materiales que reflejen la radiación solar o el diseño de calles y edificios que favorezcan la ventilación son algunas de las estrategias que, según el experto, pueden contribuir a reducir el impacto de las altas temperaturas.

“No basta con abrir refugios climáticos o plantar más árboles, sino que se tiene que cambiar la manera de construir y rehabilitar nuestros edificios”, afirma Chelleri, que recuerda que las ciudades no están condenadas a convertirse en hornos durante el verano y que hoy ya disponemos del conocimiento y de las herramientas necesarias para diseñar entornos urbanos más resilientes ante las olas de calor.

El Instituto de Investigación JURECA de UIC Barcelona impulsa una investigación pluridisciplinar orientada a afrontar los retos del cambio climático y la relación de las personas con el territorio, con el objetivo de generar conocimiento y soluciones que contribuyan al desarrollo de ciudades más justas, sostenibles y adaptadas al futuro climático. 
 

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