03/07/2026

Expertos en tecnología y humanismo reflexionan en UIC Barcelona sobre los retos de ‘Magnifica humanitas’ ante la inteligencia artificial

La segunda sesión del ciclo organizado por el OIANT reunió al Dr. Pep Martorell y al Dr. Domènec Melé en una mesa redonda moderada por la Dra. Esther Jiménez para profundizar en las implicaciones éticas, sociales y educativas de la primera encíclica del papa León XIV

El Observatorio de Inteligencia Artificial y Nuevas Tecnologías (OIANT) de UIC Barcelona celebró la segunda y última sesión del ciclo dedicado a Magnifica humanitas con la mesa redonda “IA y humanismo: retos y oportunidades tras la encíclica”. Moderada por la Dra. Esther Jiménez, vicerrectora de Estudiantes y Sostenibilidad, la jornada reunió al Dr. Pep Martorell, experto en estrategia tecnológica, supercomputación e inteligencia artificial, y al Dr. Domènec Melé, sacerdote y doctor en Ingeniería Industrial, para reflexionar sobre los desafíos que plantea la inteligencia artificial y el papel que deben desempeñar las personas en este nuevo escenario.

La sesión dio continuidad a la primera conferencia del ciclo, dedicada a presentar las principales claves de Magnifica humanitas, y trasladó este marco de reflexión al debate sobre los cambios que la inteligencia artificial está provocando en la educación, el trabajo, las organizaciones y la sociedad.

En la apertura de la jornada, la Dra. Esther Jiménez contextualizó la encíclica e introdujo la idea de que la Universidad tiene la responsabilidad de afrontar los grandes retos de su tiempo, y destacó la necesidad de promover un diálogo riguroso entre tecnología y humanismo ante el creciente impacto de la inteligencia artificial.

Durante su intervención, el Dr. Domènec Melé defendió que Magnifica humanitas no es solo una reflexión sobre la IA, sino una propuesta humanista que sitúa la dignidad de la persona en el centro. Según explicó el sacerdote, la encíclica aborda cuestiones como el trabajo, la familia, la empresa, la cultura o la educación, y recuerda que el progreso tecnológico solo tiene sentido si “contribuye al desarrollo integral de las personas”.

El Dr. Melé advirtió de los riesgos de reducir a las personas a criterios de productividad, eficiencia o funcionalidad, y reivindicó una concepción del ser humano basada en su libertad, su capacidad de discernimiento y su dignidad inherente. En este sentido, el experto subrayó que la inteligencia artificial puede ejecutar procesos complejos, pero no puede “sustituir dimensiones propiamente humanas como la conciencia moral, la subjetividad o la responsabilidad”. También señaló que la ética no puede programarse como un conjunto de reglas ni reducirse a un cálculo de utilidad. Al contrario, recordó que las decisiones morales parten del reconocimiento de la dignidad de cada persona y de sus derechos fundamentales.

Educar a personas capaces de pensar con criterio

Por su parte, el Dr. Pep Martorell destacó que la encíclica se inscribe en la tradición de la doctrina social de la Iglesia y evita tanto el tecnoutopismo como el rechazo de la tecnología. En su opinión, el debate no consiste en decir “sí” o “no” a la inteligencia artificial, sino en orientar su desarrollo hacia el bien común y garantizar que siga estando al servicio de las personas.

El experto advirtió de que uno de los principales riesgos no es solo la sustitución de puestos de trabajo, sino la degradación del trabajo humano, si las personas acaban limitándose a ejecutar aquello que determinan los sistemas inteligentes. También recordó, haciendo referencia al punto 106 del texto, que el ritmo de desarrollo de la tecnología puede superar la capacidad de la sociedad para afrontar sus consecuencias éticas, un desfase que la encíclica identifica como uno de los grandes desafíos actuales: “Es necesario ralentizar el desarrollo de la tecnología, si no vamos a estar moralmente preparados”.

En este contexto, ambos ponentes coincidieron en señalar que el principal reto es educativo. Defendieron la necesidad de formar a personas capaces de ir más allá del conocimiento estrictamente técnico, preservar la libertad interior y desarrollar un pensamiento crítico que les permita discernir, innovar y tomar decisiones responsables en un entorno cada vez más condicionado por los algoritmos. Asimismo, destacaron que Magnifica humanitas constituye un llamamiento a ejercer un uso responsable de la inteligencia artificial, tanto desde el ámbito personal como desde las organizaciones y las empresas, siempre al servicio de la dignidad humana y del bien común.

En la clausura de la sesión, la Dra. Esther Jiménez sintetizó los principales ejes del debate con una reflexión que recoge el espíritu de la encíclica: “Hay que contraponer la velocidad a la sabiduría, el poder a la responsabilidad y la eficacia a la dignidad”. Una idea que resume el propósito de este ciclo impulsado por el OIANT: promover un diálogo riguroso entre tecnología, ética y humanismo ante los grandes desafíos de nuestro tiempo.

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