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Maria Mut: “Replantear el estatus de los territorios británicos de ultramar es imprescindible para su futuro”
En el marco del debate sobre el futuro de los territorios británicos de ultramar, la Dra. Maria Mut, profesora de la Facultad de Derecho de UIC Barcelona y experta en Derecho Internacional, ha elaborado un informe para la Cámara de los Lores sobre la revisión de su estatus jurídico. Hablamos con nuestra experta sobre el origen de esta colaboración, las principales conclusiones de su trabajo y el papel del Derecho Internacional en un contexto global en transformación.
Dra. Mut, no debe de ser muy habitual que un comité de la Cámara de los Lores recurra a una académica española para asesorar sobre su propia estructura constitucional. ¿Cómo nace su relación con el parlamento británico?
Hay que remontarse dieciocho años atrás. UIC Barcelona apostó por mi propuesta de tesis doctoral sobre la Commonwealth, y la University College London aceptó la codirección. Gracias a una beca de la UIC–Fundació Familiar Catalana y al apoyo de la Fundació ”la Caixa”, pude realizar una estancia de más de un año en Londres.
Desde entonces, el derecho internacional se ha consolidado como una vocación. Haber estudiado en una escuela inglesa me acercó a esta tradición, y la experiencia en Londres me permitió integrarme en entornos académicos e institucionales que han marcado mi trayectoria. He participado en proyectos con universidades como Londres, Warwick o West of England, y siempre me he sentido muy reconocida allí.
En su informe habla de la necesidad de modernizar la “familia británica”. ¿Cuál es la principal carencia y qué solución propones?
Una de las grandes fortalezas del modelo británico es su capacidad de adaptación. No es un sistema estático, sino flexible, con una clara voluntad de autorrevisión. Los informes que elaboro tienen como objetivo detectar disfunciones y proponer mejoras pragmáticas sin romper el equilibrio.
El reto principal es reconocer la pluralidad territorial. Cada territorio tiene aspiraciones y necesidades propias, y esto exige mecanismos de escucha activa e instrumentos institucionales específicos. No se trata de reformas radicales, sino de afinar el sistema para que continúe funcionando con coherencia.
Además, la mayoría de estos territorios quieren mantener el vínculo con el Reino Unido. Esto obliga a explorar fórmulas jurídicas flexibles que permitan compatibilizar este deseo con el principio de autodeterminación, especialmente en contextos donde también intervienen intereses de terceros estados.
¿Qué lecciones se pueden extrapolar a otros contextos?
Diría que la principal es la flexibilidad institucional como principio rector. El modelo británico muestra que se puede conciliar unidad política y diversidad territorial sin recurrir a soluciones uniformes.
También es clave la idea de soberanía compartida, siempre que sea viable y deseada. En contextos complejos, con realidades muy diversas, hay que huir de respuestas rígidas y apostar por marcos jurídicos adaptativos que permitan integrar diferencias sin romper vínculos históricos.
En este sentido, otros países pueden aprender la importancia de construir soluciones a medida, capaces de evolucionar con el tiempo y de incorporar la pluralidad como un valor, no como un problema.
¿Crees que el contexto internacional actual ha forzado al Reino Unido a repensar y modificar su relación con estos territorios?
Vivimos un momento de transformaciones profundas en la gobernanza global que obliga a repensar muchas relaciones institucionales. Cada vez es más necesario dar voz a territorios que, aun formando parte de la “familia británica”, afrontan retos globales propios.
El caso del archipiélago de Chagos es especialmente ilustrativo. Tras décadas de controversia, se ha alcanzado un acuerdo que refleja cómo los condicionantes geopolíticos pueden actuar como catalizadores de cambio. Este tipo de situaciones evidencian que el sistema debe estar preparado para adaptarse de manera dialogada a nuevas realidades.
Finalmente, ¿por qué es importante estudiar Derecho Internacional hoy?
Es una disciplina profundamente transversal, que conecta ámbitos como la economía, la política o las humanidades. Pero, sobre todo, tiene una dimensión humanista que hay que preservar: su objetivo último es proteger a la persona.
En las últimas décadas se han realizado avances muy significativos, como la consolidación de la prohibición del uso de la fuerza, el desarrollo de los derechos humanos o la creación del Tribunal Penal Internacional. Aunque el cumplimiento no siempre es efectivo, el progreso es innegable si lo miramos con perspectiva histórica.
A mis estudiantes les digo que mantengan una mirada crítica, pero también justa. El derecho internacional no es perfecto, pero es una herramienta imprescindible para avanzar hacia un orden global más equilibrado. Y, sobre todo, les recuerdo que su trabajo puede tener un impacto real: detrás de cada decisión jurídica hay personas, y eso no se debe perder nunca de vista.