26/06/2026

UIC Barcelona reúne a grandes expertos en comunicación para reflexionar sobre los dilemas éticos del true crime

El catedrático en comunicación audiovisual y rector de UIC Barcelona Alfonso Méndiz presenta las principales conclusiones de su investigación sobre un género audiovisual en auge durante una mesa redonda celebrada en el Palau Macaya

El auge del true crime plantea preguntas cada vez más relevantes sobre los límites entre la información, el entretenimiento y la responsabilidad social. Con el objetivo de fomentar una reflexión crítica sobre este fenómeno, UIC Barcelona ha celebrado en el Palau Macaya la mesa redonda Dilemas éticos del true crime”, un encuentro que reunió a destacados profesionales del periodismo, la investigación académica y la comunicación.

Moderado por el periodista de RTVE y profesor de UIC Barcelona Pere Buhigas, el debate ha contado con la participación del rector de UIC Barcelona y catedrático de Comunicación Audiovisual, Alfonso Méndiz; el presidente del comité editorial de El PeriódicoAlbert Sáez; el periodista de La Vanguardia y escritor especializado en sucesos Santiago Tarín; y la profesora de la Universidad Rey Juan Carlos Marta Sánchez Esparza.

Durante la sesión, los participantes han analizado cinco de los principales dilemas éticos asociados al crecimiento de un género que, según recordó Buhigas, “se ha convertido en uno de los más consumidos de los últimos años”, pero que obliga a preguntarse si es posible “satisfacer la necesidad de información sin revictimizar a las víctimas”.

¿Por qué nos atrae tanto el true crime?

El debate comenzó abordando las razones que explican el éxito actual del género. Para Alfonso Méndiz, el interés por los crímenes reales no es un fenómeno nuevo, sino una constante cultural que se remonta a las tragedias griegas o a obras como A sangre fría, de Truman Capote.

“Sentimos una fascinación por aproximarnos a la maldad de forma controlada y segura”, explicó el rector. A esta dimensión psicológica se suma, según señaló, la fuerza narrativa de historias que han ocurrido realmente y el papel amplificador de la cultura digital. “Las redes sociales han agrandado el fenómeno hasta generar incluso peregrinaciones a lugares donde sucedieron los crímenes, como ha pasado con el pueblo de Tor. Es lo que se conoce como la fascinación por la cultura de la herida”, apuntó.

Albert Sáez coincidió en que detrás del interés por estos relatos existe una voluntad de comprender comportamientos que resultan difíciles de explicar. Además, destacó cómo la omnipresencia de cámaras y dispositivos de grabación ha transformado la manera de narrar los sucesos.

Por su parte, Marta Sánchez recordó que el true crime se ha convertido también en un importante nicho profesional dentro de la industria audiovisual. Según explicó, las plataformas han incrementado significativamente la producción de contenidos basados en hechos reales, atraídas por unas historias que combinan proximidad, emoción y una poderosa estructura narrativa.

Informar sin explotar el dolor

Uno de los momentos centrales de la conversación giró en torno a la dificultad de informar sobre hechos traumáticos sin convertir el sufrimiento ajeno en espectáculo.

Méndiz reconoció que “en el ámbito de la ética es difícil trazar la línea”, pero defendió tres criterios fundamentales para abordar estos contenidos con responsabilidad. El primero es el compromiso con la verdad: “Los hechos son sagrados y las opiniones son libres. Lo que no se sabe no puede interpretarse libremente”. El segundo es el respeto a las víctimas y a sus familiares, que deberían ser informados cuando se pretende volver a tratar públicamente un caso. Y el tercero consiste en examinar la verdadera intención del relato: “Hay que preguntarse si queremos informar o entretener convirtiendo un caso en un espectáculo”.

El experto en comunicación audiovisual también defendió que, cuando se utilizan recreaciones audiovisuales, debe quedar claramente indicado que se trata de hipótesis narrativas y no de hechos probados.

El derecho al olvido y la memoria de las víctimas

La tercera cuestión abordó una tensión especialmente compleja: cómo compatibilizar el derecho a la intimidad y al duelo con el interés informativo de determinados casos.

Para Albert Sáez, el periodismo ha aprendido de errores cometidos en coberturas históricas de gran impacto mediático, como los casos de Alcàsser o Marta del Castillo, y hoy existe una mayor sensibilidad hacia las víctimas. Marta Sánchez planteó que el true crime funciona también como una herramienta mediante la cual la sociedad intenta comprender acontecimientos traumáticos y reflexionar sobre ellos.

Sin embargo, Méndiz advirtió de los riesgos de convertir a los criminales en protagonistas fascinantes. Como ejemplo, recordó declaraciones mediáticas del conocido como “Rey del Cachopo”, que dijo “el cuento de La Caperucita es diferente cuando lo cuenta el lobo”, ilustrando cómo algunos relatos pueden contribuir a la glorificación del asesino.

Durante este bloque, el rector de UIC Barcelona introdujo una reflexión que conecta directamente con el concepto de derecho al olvido. “Antes de hacer un true crime deberíamos preguntarnos si al reabrir ese caso vamos a reabrir también una herida profunda en alguien”, afirmó.

La responsabilidad social del relato criminal

La mesa redonda abordó después uno de los aspectos más delicados del género: el riesgo de que los delincuentes obtengan beneficios económicos o notoriedad pública gracias a los crímenes cometidos.

Para Méndiz, se trata del “protodilema” del true crime contemporáneo. El rector defendió la existencia de una línea roja muy clara: “No puede ser que resulte beneficioso lucrarse de delinquir”.

Durante su intervención recordó el precedente estadounidense de las conocidas como “leyes del Hijo de Sam”, surgidas para impedir que asesinos condenados obtuvieran beneficios económicos mediante la explotación comercial de sus delitos. También mencionó casos recientes en España que han reabierto este debate público, como el libro de José Bretón.

Frente a esta posición, Albert Sáez alertó de los riesgos de la cancelación de determinados discursos, mientras que Santiago Tarín insistió en la complejidad de establecer límites universales para situaciones que “son muy diferentes entre sí”.

Marta Sánchez defendió la importancia de que los periodistas participen activamente en este tipo de producciones para garantizar un equilibrio narrativo entre víctimas y victimarios. “Necesitamos buenos contadores de historias para que en el relato no gane ‘el lobo’”, afirmó.

El futuro del true crime

En el tramo final del encuentro, los participantes coincidieron en que el género seguirá creciendo durante los próximos años, impulsado por la expansión de las plataformas digitales y las nuevas formas de consumo audiovisual.

Ante este escenario, Méndiz reivindicó la necesidad de consolidar un modelo de true crime más maduro y éticamente responsable. A su juicio, el futuro del género debe construirse sobre tres pilares: respeto a las víctimas, equilibrio en las voces que participan en el relato y una clara voluntad informativa.

Marta Sánchez subrayó la importancia de generar espacios de reflexión académica “como este mismo promovido por UIC Barcelona”, mientras que Santiago Tarín destacó el papel que deben desempeñar las universidades en la formación de los futuros profesionales del sector.

La sesión concluyó con una ronda de preguntas del público y con una llamada compartida a reforzar la cultura ética en la producción de contenidos audiovisuales. Como resumió Albert Sáez, “lo que nos protege del instinto es la cultura”, una idea que conecta con el propósito del libro 21 dilemas éticos del true crime contemporáneo, recientemente publicado por Alfonso Méndiz y Marta Sánchez Esparza, y que ha servido de punto de partida para un debate que puso sobre la mesa algunos de los grandes desafíos comunicativos de nuestro tiempo.

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